Maternidad y paternidad: nadie nace sabiendo ser madre o padre
Con un hijo nace también una madre o un padre, y eso también es un parto. La transformación emocional que nadie te explica.
En pocas palabras
Convertirse en madre o padre es una transformación profunda de la identidad, que suele traer amor, pero también cansancio, dudas, ambivalencia y recuerdos de la propia historia. Son vivencias frecuentes y no significan hacerlo mal. Si aparece una tristeza o ansiedad que no cede, conviene consultar.
En este artículo
No, no viene con manual. Viene con pañales, noches cortadas, consejos que nadie pidió y un amor tan grande que a veces asusta. Pero de lo otro casi no se habla: del cansancio que no se va, de la pareja que cambia, de la sensación de haberse perdido un poco en el camino, de esos días en que uno se pregunta, en voz baja, si lo está haciendo bien.
Cuando nace un hijo, nace también una madre o un padre. Y ese nacimiento también duele.
Una transformación de la identidad
La llegada de un hijo reorganiza todo: los tiempos, el cuerpo, la pareja, el trabajo, la relación con la propia familia. Cambia la pregunta de fondo: ya no solo «quién soy», sino «quién soy ahora, con alguien que depende de mí».
Es un cambio de etapa tan profundo como cualquier crisis vital, y necesita tiempo para acomodarse.
La ambivalencia también es parte
Amar a un hijo no impide sentir, a la vez, cansancio, enojo, aburrimiento o ganas de huir por un rato. Esa mezcla de emociones se llama ambivalencia, y es parte de cualquier vínculo intenso. Reconocerla no es fallar: es ser honesto.
El psicoanalista Donald Winnicott habló de la madre suficientemente buena: no la perfecta, sino la que está disponible lo suficiente y también falla, y en esas fallas el hijo aprende que el mundo no gira solo a su alrededor. La idea vale para cualquier persona que crie.
Vuelve la propia historia
Criar a un hijo despierta la propia infancia. Aparecen frases que juramos no repetir, deseos de hacer las cosas distinto, recuerdos que creíamos olvidados. Es una oportunidad para mirar la propia historia con otros ojos: elegir qué transmitir y qué no.
Criar a un hijo es, también, volver a criarse un poco a uno mismo.
Cuándo pedir ayuda
Es esperable sentirse sensible o abrumado en las primeras semanas. Pero si la tristeza, la ansiedad o la sensación de desconexión se sostienen, si aparecen pensamientos que asustan o te cuesta cuidarte, es importante consultar: la depresión y la ansiedad después del nacimiento son frecuentes y tienen tratamiento. Hablarlo con tu médico, tu obstetra o un psicólogo es un acto de cuidado, para vos y para tu hijo.
Para seguir leyendo
- Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego.
- Winnicott, D. W. (1964). Conozca a su niño. Psicología de las primeras relaciones entre el niño y su familia.
Preguntas frecuentes
¿Es normal no disfrutar todo el tiempo de la maternidad o la paternidad?
Sí. El amor convive con el cansancio, las dudas y emociones contradictorias. Reconocerlo no significa ser mala madre o mal padre.
¿Qué es la madre suficientemente buena?
Es un concepto de Donald Winnicott: no la madre perfecta, sino la que está disponible lo suficiente y también puede fallar. Esas fallas, en su justa medida, ayudan al desarrollo del hijo.
¿Cuándo consultar después del nacimiento de un hijo?
Si la tristeza, la ansiedad o la desconexión duran más de dos semanas, si te cuesta cuidarte o aparecen pensamientos que te asustan. Conviene consultar pronto con un profesional.
:::aviso Si después del nacimiento aparecen pensamientos de hacerte daño o de dañar al bebé, pedí ayuda ahora: llamá al 911 o al 107. Más teléfonos en Ayuda urgente. :::fin
Este artículo tiene fines de divulgación y no reemplaza una consulta profesional. Si estás atravesando una situación de riesgo, comunicate con el 911 o con el Centro de Asistencia al Suicida (135 desde CABA y GBA; 0800-345-1435 desde todo el país).
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Lic. Nicolás Raúl Bongiorno
Psicólogo clínico, M.P. 8209. Más de 15 años de práctica, con orientación junguiana, base psicoanalítica y perspectiva integrativa. Conocé más sobre mí.
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